Toledo, audiovisuales

Publicado el 07/04/11 en la sección de AUDIOVISUALES

Toledo, una vuelta desde el cerro del Bú

Cargado con las pacíficas y pesadas armas fotográficas, y los avituallamientos precisos para pasar unas cuantas horas, el pasado 11 de septiembre de 2011 me posicioné en lo alto del cerro del Bú, con el propósito de llevarme enlatadas tres horas de cielos y Toledos.

La hora y el día fueron previstos minuciosamente, descartando unos cuantos por el camino. Tenía que darse luna llena,  además de un tiempo meteorológico adecuado con nubes, pero no muchas y además -y simultáneamente- fin de semana que es cuando iluminan Toledo.

Ya desde mediados de agosto le fui dando vueltas observando posibilidades. Después de 15 largos días con los cielos literalmente pelados de este bochornoso verano, que nunca se acaba,  aparecen en las previsiones 3 días ligeramente nublados, coincidiendo con luna llena o casi y además finde, las tres juntas.

La posición de la Luna no es, por lo general, cambiable a voluntad :) pero sí previsible con toda exactitud, así como la posición relativa del sol estemos donde estemos. Existe a tal fin en la red una herramienta maravillosa que conocí a través de algunos sabios de la Asociación Fotográfica de Toledo.

Ya tenía el sitio, el día, la hora y el punto de toma.

Los ensayos previos para determinar los ajustes y parámetros técnicos precisos, fueron ciertamente laboriosos. Baste sólo pensar en las enormes diferencias de luminosidad entre el día y la noche además de la necesidad de encajarlas en los ajustes sincronizados a tiempo fijo entre los disparos. Porque esto no es ningún video, amigos, ni está realizado con ninguna cámara de video, esto son sólo fotos: una detrás de otra, sin más.

No digo que no pueda realizarse con video, todo lo contrario. Pero precisaríamos una cámara muy especial, tan especial que casi vale la pena hacerlo con fotos.

Es lo que, lo que a mi pesar, se llama TimeLapse. Una sucesión de imágenes fotográficas a un ritmo de 25 por segundo, vamos, el cine, sin ir más lejos.

Hicieron falta unas 2.000 fotos, realizadas durante tres horas. Había pensado en dar más datos pero no lo voy a hacer, los tecnicismos aburren. Estaré encantado de prestar estos datos y ayudar, a quien realmente tenga el gato en la barriga y se quiera aventurar en este bello proceso y todavía más encantado de recibir todas las críticas e indicaciones para mejorarlo y superarlo.

Muchas gracias por vuestra atención y por vuestro tiempo, espero que os guste.

Atardecer en Toledo

TimeLapse de 1.600 fotografías tomadas durante dos horas

Toledo, lluvia al amanecer

Toledo,lluvia al amanecer from José María Moreno Santiago on Vimeo.

Toledo noche from José María Moreno Santiago on Vimeo.

Construcción del Hospital General de Toledo

Situado en una enorme parcela de más de un kilómetro de longitud y más de 30 hectáreas, será el mayor hospital público de Europa y probablemente constituye la mayor obra de edificación civil en España.
Proyectada y dirigida por los arquitectos Alvaro Siza Vieira y Antonio y Emilio Sánchez-Horneros (TASH), en construcción por la Union Temporal de Empresas Acciona, Ferrovial-Agroman y Contratas la Mancha, ha sido promovida por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha con un presupuesto cercano a los 300 millones de euros.

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Toledo con ojos de halcón

Publicado el 07/04/11 en la sección de GRANDES PANORÁMICAS. GIGAPANOS

La fotografía en la restauración del Patrimonio

Publicado el 06/04/11 en la sección de ARTÍCULOS FOTOGRÁFICOS

LA FOTOGRAFÍA EN LA RESTAURACIÓN DEL PATRIMONIO

Herramientas de estudio y exhibición

 Grabado

Todos los toledanos hemos deambulado cientos de veces, con los avatares de nuestras ocupaciones, por la última capa de la historia, la actual, sin percibir que debajo de nuestros pies están bien latentes las de los toledanos que nos antecedieron, toledanos romanos, cartagineses, visigodos, árabes, judíos e incluso toledanos de la edad de piedra y del bronce. A ellos con seguridad les ocurrió lo mismo dejando a su paso las señas de su modo de vida, del mismo modo que nosotros también las dejamos para su estudio a las futuras generaciones.

Pocos años después de que a José Nicéphore Niepce, sobre 1826, se le ocurriera inventar la fotografía y Louis Daguerre la popularizara en nuestro vecino país, a Toledo llegaron pronto varios fotógrafos. El primero del que se tiene constancia fue Edward King Tensión, que ya en 1852 realizó unas magníficas imágenes anteriores incluso a las de Clifford y Jean Laurent, cinco años después. Sus elementales cámaras impresionaban placas de vidrio al colodión, cuya fabricación se realizaba muchas veces en el mismo momento de hacer las tomas.

 




Es preciso imaginarse la estampa subidos en sus carros y tiendas de campaña donde realizaban todo el proceso para comprender y valorar su inestimable labor. Sus trabajos no sólo se merecen nuestra admiración por su dificultad práctica, que también, sino que constituyen, en muchas ocasiones, fotografías de calidad magníficamente compuestas y con una gran gama cromática. Hoy en día es posible realizar fantásticas copias murales a partir de aquéllos negativos, que por su gran tamaño rinden una calidad que ya quisieran para sí muchas de las cámaras digitales actuales, por no decir todas.

   

Hasta ese momento convengamos que las pruebas gráficas existentes, fruto de la mano de los dibujantes y de los maestros grabadores, eran maravillosas, pero ciertamente propensas a las deformaciones de perspectiva y a los cambios cromáticos, cuando no a la peligrosa y propia imaginación del autor. La fotografía desde su aparición se volvió entonces bastante terca en sus resultados, desvelando no pocos errores que, en alguna ocasión, autor tras autor vinieron plagiándose a través del tiempo sin el más mínimo pudor y con fuentes poco fiables.

Esta herramienta se convirtió desde entonces en un aliado insustituible para investigadores e historiadores, tanto en la rama del reportaje costumbrista y de la contienda civil, como en la documentación gráfica de sus aliados: los magníficos rincones, edificaciones y paisajes urbanos.

En la ciudad de Toledo, las cámaras de los Hermanos Rodríguez, de Loty, de Aldus, de Abelardo Linares, de Mariano Moreno, Hauser y Menet y tantos otros contribuyeron a este legado. Mención especial merece Casiano Alguacil Blázquez, nacido en 1832 en la localidad toledana de Mazarambroz, que a sus treinta años se estableció en la calle de la Plata. Aunque retrató muchos personajes y preciosas escenas urbanas, estuvo dedicado principalmente a las edificaciones monumentales y objetos artísticos. Es, quizá, junto a los hermanos Rodríguez uno de los más prolíficos y prestigiosos fotógrafos que ha tenido Toledo, y cuyo legado constituye el corpus documental de nuestros archivos.

Es de lamentar que en estos primeros años, en general, la fotografía fuese infravalorada, cuando no denostada, por la inexplicable rivalidad social que existía con la pintura y el dibujo; algo así sucede ahora con respecto a la dualidad fotografía analógica versus digital.

Este hecho, agravado por el escaso interés que suscitaban las nuevas tecnologías en las autoridades de entonces, provocó que hasta muchos años después estos archivos estuvieran vergonzosamente abandonados cuando no perdidos. Da estupor comprobar, incluso hoy en día, cómo es posible encontrar colecciones completas de negativos en placas de vidrio de Toledo en museos americanos y europeos completamente desconocidas para los toledanos, y que gracias a iniciativas particulares van siendo recuperadas poco a poco con economías muy modestas. Es el caso del esfuerzo y la generosidad de Eduardo Sánchez Butragueño, que en su fantástico blog “Toledo Olvidado” nos regala semana a semana estos bellos descubrimientos, de los que atesora hasta hoy más de cinco mil imágenes. Me consta que numerosos investigadores y arqueólogos han acudido a él, antes que a los archivos, para documentar sus estudios.

Recuerdo cuando comenzaba en esto de la fotografía junto a Carlos Villasante, allá por los años 70, que nos avisaron de una obra en la cuesta de Belén, pues habían encontrado una caja “llena de placas de cristal de algo muy raro” que parecían fotos y que iban a ir al escombro. ¡Se trataba del archivo de negativos de Abelardo Linares, nada menos!.

Aunque es preciso reconocer aquí alguna iniciativa pública digna de todo elogio de no hace muchos años, como la recuperación para la museística de los archivos de Casiano Alguacil, los Hermanos Rodríguez, Luís Escobar y algunos más. Convengamos que va siendo hora de tomar en consideración estos irrepetibles documentos históricos, y que nuestros archivos y museos por fin les vayan formando asiento y los reciban y conserven como se merecen.

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